La dieta mediterránea contra el cáncer

Publicado el 28 January 2020
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Patrick Jansen recuerda como todo un acontecimiento el día que, en pleno tratamiento oncológico y aún ingresado en el hospital, le permitieron comer patatas fritas. Como buen belga, adora las patatas fritas, y más aún si van acompañadas de unos ricos mejillones. Jansen tiene 45 años, fue diagnosticado de leucemia en su país y, años después, necesitó un trasplante de médula que le fue practicado en Asturias, donde reside con su familia -su mujer y sus dos hijos- desde 2009. La de las patatas fritas fue una treta para hacerle comer. No tenía hambre y sentía mucho dolor al tragar. En todo su proceso contra el cáncer ha perdido diez kilos, que no desiste de recuperar, con comida sana y sustanciosa. Aún es pronto y sigue bajo los efectos de la inmunoterapia, así que ha de ser cuidadoso con la comida y con el ejercicio, que debe practicar al aire libre o en casa, evitando aglomeraciones o lugares cerrados como los gimnasios.

Jansen es un buen cliente del mercado del Fontán. Le gusta ir a comprar allí las hortalizas y frutas frescas cuando las paisanas llegan de los pueblos a vender la mercancía. Disfruta de una parada en el puesto de los quesos, a los que es muy aficionado, y de un buen corte de carne. No se olvida de hacer hueco al pescado en la cesta de la compra.

Sus hábitos alimentarios están en consonancia con las pautas que los expertos en nutrición del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) ofrecen a sus pacientes de cáncer y a las personas que se ocupan de su cuidado.

Más que una dieta, un estilo de vida. Eso es lo que recomiendan desde la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del HUCA. Rosa Iglesias Rivero y Blanca Nieves González González, enfermeras de esa unidad, afirman que, en lo que alimentación y enfermedad se refiere, no hay productos milagro ni restricciones absolutas que funcionen. “En la dosis está el veneno”, sostiene Iglesias. Lo que recomiendan es la dieta mediterránea, lo más variada posible, la cocina casera y los productos de proximidad. Esos son los principios que aplica Jansen en su cocina y su alimentación.

Como continúa de baja laboral, Jansen es quien se ocupa de ir a la compra y preparar las comidas de la familia. “En España (adonde llegó en 2002) gané en calidad de alimentación con la dieta mediterránea; en Bélgica se cocina con más mantequilla y menos vegetales”, comenta. “Comer de todo”, eso es lo que procura este ingeniero, que no ve la hora de reincorporarse a su puesto de trabajo. Siempre busca las opciones más saludables y, en la medida de lo posible, productos de proximidad. Evita comprar la carne envasada, aunque durante un tiempo, debido a la inmunodepresión, los médicos le aconsejaron tomar alimentos envasados para reducir lo máximo posible la contaminación bacteriana.

No es enemigo de alimentos como la quinoa o las semillas de chía. La primera suele cocinarla con lentejas y le gusta mezclar las segundas con cereales ya que contienen creatina y uno de sus principales beneficios son la liberación de grasa como dicen en este post https://www.nutricion24.com/es/blog/cuando-y-como-tomar-creatina-n63 . Pero se cuestiona “que tengamos que ir a buscar alimentos sanos al otro lado del mundo”. Él, para su despensa y si puede elegir, prefiere que sean de por aquí. Se ha fijado en que los espárragos vienen de China, las lentejas de Estados Unidos… Él prefiere que lo que pone en su mesa tenga una procedencia lo más cercana posible. Las manzanas, sin ir más lejos, de la huerta de su suegra, en Luanco.

Rosa Iglesias Rivero, enfermera del servicio de nutrición del HUCA, explica que “una dieta saludable nos sirve en todas las circunstancias”. La excepción son ciertos síntomas en el aparato digestivo que pueden aparecer en los enfermos oncológicos. En el caso de Patrick Jansen fueron sus dificultades para tragar, por el dolor, además de la inapetencia y los cambios en la percepción de los sabores. “Yo tenía un sabor metálico en el paladar, así que lo dulce era para mí más agradable de comer. La fruta y los postres era lo que más tomaba en el HUCA”, reconoce. Ahora, su dieta es más equilibrada. “Desde la antigüedad se sabe la relación entre dieta y salud, para la salud, para mantenerla y para restablecerla”, explica Rosa Iglesias, y añade: “Una dieta saludable es una dieta variada, la dieta mediterránea: alimentos de proximidad, molestarse en hacer la compra, preparar la comida, con nuestros alimentos y nuestras preferencias culinarias”. “Hasta la fecha, la dieta mediterránea es lo mejor que tenemos”, subraya.

Margarita Collado, vicepresidenta de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en Asturias, afirma que en el combate contra el cáncer la organización trabaja sobre tres pilares: “El acompañamiento al paciente y a la familia, la investigación y la prevención”. Los talleres sobre alimentación para enfermos oncológicos, que promueve la asociación y a los que también asisten profesionales, vienen a robustecer ese tercer pilar. “La dieta no cura el cáncer, pero si es saludable ayuda a prevenir hasta seis tipos de cáncer”, asegura Collado. Begoña Álvarez Coto, supervisora de la unidad de Nutrición y Dietética del HUCA, incide en esa idea: “Los talleres están encaminados a mantener un adecuado estado nutricional, que va a favorecer la recuperación y una mejor respuesta ante un tratamiento oncológico”.

La enfermera Rosa Iglesias aconseja “molestarse en hacer la compra y preparar la comida con nuestros alimentos y nuestras preferencias culinarias”

En casa de Patrick Jansen no hay alimentos prohibidos, a excepción de los refrescos azucarados y las chuches (con alguna que otra excepción para los niños). “Yo cocino en casa, como toda la vida, me gustan las legumbres, y el único cambio, desde que me diagnosticaron, es que estoy más atento a lo que comemos”, dice. Busca la cantidad de azúcar en las etiquetas de los alimentos, para evitar excesos, aunque opina que en eso tienen mucho que hacer quienes manejan las grandes políticas alimentarias. La única incorporación a su dieta tras el cáncer fue un zumo depurativo, que tomó regularmente durante un tiempo, con apio, manzana, zanahoria y remolacha roja, que le recomendaron para eliminar los tóxicos de la quimioterapia en el organismo (y cuyo sabor, además, le gustaba).

Jansen complementa los buenos hábitos alimentarios con algo de ejercicio, la receta perfecta según los profesionales sanitarios. “Después de la leucemia empecé a correr y me apunté a un gimnasio”, cuenta. Ahora, tras el trasplante de médula y aún con medicación inmunodepresora, se ha aficionado a la marcha nórdica y procura caminar al aire libre, por la montaña a poder ser. Usa la bicicleta en sus desplazamientos por la ciudad. Cuando baja al HUCA a consulta suele hacerlo pedaleando. Pedaleando por la vida.


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