Consejos para reducir tripa

Publicado el 23 March 2014
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La tripa abultada es el talón de Aquiles desde el punto de vista estético de muchas personas, aunque no siempre se debe a una acumulación de grasa, sino que los causantes a veces son los gases  o las malas digestiones.

La zona abdominal es una de las partes del cuerpo donde más grasa se acumula, además de que el tipo de grasa que se acumula en la tripa es la más peligrosa para nuestra salud cardiovascular. Pero también una de las que mejor responde al ejercicio, los tratamientos y una dieta adecuada.

Algunos consejos para evitar tener la tan odiada “tripita” son los siguientes:

1)      Evita el alcohol

El alcohol es uno de los principales enemigos de los abdominales, de ahí que hablemos de “tripa cervecera”. El alcohol provoca, principalmente, una pérdida de tono muscular en el abdomen.

2)      Incluye la avena en tu dieta

La avena es un cereal con un alto contenido en fibra soluble, que ayuda a eliminar los desechos metabólicos. Esto, junto con la sensación de saciedad que produce, reduce la hinchazón que producen otros cereales.

3)      Bebe mucha agua

Sustituye los refrescos azucarados y con gas por abundante. Además debes acostumbrarte a beber de forma continua durante todo el día (puedes recurrir a fuentes de agua como éstas, por ejemplo), ya que eliminarás toxinas y reducirás la hinchazón del vientre.

4)      Evita las levaduras y los hidratos de carbono no integrales

Este tipo de alimentos, cuando se digieren, fermentan, y eso hace que el estómago se dilate.

5)      Combina ejercicio cardiovascular y de tonificación

Con un entrenamiento de resistencia se quema grasa, porque el cuerpo “tira de reservas” para aguantar, y con un entrenamiento muscular se consigue aumentar el metabolismo y así reforzar la quema de grasas.

Además de cuidar la alimentación y el entrenamiento, también hay tratamientos para combatir el vientre abultado, como las cremas reafirmantes y reductoras. También existen unos análisis de intolerancias alimentarias con los que se identifican los alimentos que a cada persona le producen digestiones pesadas y, por tanto, hinchazón abdominal. Otra opción más compleja y cara son los tratamientos no quirúrgicos, como la radiofrecuencia, la mesoterapia o la cavitación.

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