Hacerse un tratamiento botox

Publicado el 28 February 2014
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Hacerse un tratamiento botox para el rejuvenecimiento facial se ha convertido en uno de los más eficaces en los últimos años, y qué aún sigue teniendo popularidad.
Gracias al tratamiento botox puedes eliminar las arrugas del entrecejo, las frontales, las del labio superior y las famosas “patas de gallo” que tanto odian las mujeres. La aplicación del Botox, nombre comercial que recibe la toxina botulínica tipo A, utilizada durante 20 años terapéuticamente y aplicada durante casi una década en el campo de la cirugía plástica y la estética.
El Botox es una sustancia utilizada para el tratamiento de arrugas presentes en el contorno de los ojos (patas de gallo), en el labio superior, en el entrecejo y en las bandas del cuello, mediante la paralización de la acción de los músculos que producen dichas arrugas.
La función de debilitamiento que logra la mencionada sustancia se consigue mediante el bloqueo temporal del impulso nervioso a nivel muscular y su consecuente distensión, logrando que la piel que lo cubre se relaje y disminuya así las marcadas líneas de expresión.
En algunos pacientes dicha inmovilización muscular trae como beneficio la posterior desaparición de dolores de cabeza, originados por la tensión de los músculos de la frente durante periodos de estrés. La técnica de Botox facial es una atractiva alternativa para quienes no son aptos o simplemente no desean someterse a un procedimiento quirúrgico.
El tratamiento Botox no es un procedimiento que reemplace la cirugía de rejuvenecimiento facial. La sustancia derivada de la toxina botulínica tipo A no es un componente de relleno, por lo cual si el paciente ya presenta arrugas en reposo, estas no desaparecen. Mediante una jeringa con una aguja ultra delgada se inyectan pequeñas dosis de toxina botulínica tipo A directamente en el músculo a intervenir, que por su continuo movimiento hace que se produzca la arruga.
El paciente recibe la infiltración en posición sentada en un procedimiento que dura aproximadamente 10 o 15 minutos y en el que no necesita anestesia ni incapacidad. La inyección que cuidadosamente aplica el especialista se distribuye a través de las fibras del músculo y no se expande por las corrientes sanguíneas a otras áreas o músculos.

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