Caza deportiva: Aprender a correr la mano

Publicado el 11 July 2013
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En Europa es totalmente habitual el entrenamiento de los cazadores antes de acudir a cazar, para ello cuentan con campos de entrenamiento para tiro con rifle. Lamentablemente en España no está permitido el entrenamiento con rifle en casi ningún campo de tiro.

Desde aquí animamos a todos los cazadores a entrenar de una forma genérica: disparando al plato, tanto en foso olímpico como universal. Aquí, si no se sabe correr la mano, se aprende, ya que si no se hace, no se rompe ni un sólo plato.

En España la falta de instalaciones y lugares autorizados para poder entrenar con dianas en movimiento hace que las alternativas sean más difíciles.

Nosotros aquí proponemos una forma sencilla, barata y entretenida para poder entrenar.

En el ejercicio se necesitan dos personas y es necesario hacerse con un neumático, contra más grande mejor. Dentro del neumático colocamos una madera o contrachapado y pintamos un círculo rojo en el centro.

Se trata de dejar rodar con impulso el neumático cuesta abajo por algún lugar donde la caza pueda pasar habitualmente

El cazador, a una distancia prudente y dentro de un abanico corto de disparo, esperará a que pase el neumático en frente de él.

En este caso la rueda pasa y sorprende al cazador. No ha encarado a tiempo y ha fallado el disparo, pero sólo es un entrenamiento, no hemos perdido ningún trofeo.

Sin embargo en las siguientes rondas ha hecho un buen encare y ha realizado varios disparos certeros, ha mejorado en agilidad y precisión, ganando mucha confianza en su disparo

Puntos básicos:

1.- Que estemos en temporada de caza.

2.- Que estemos en un coto de caza.

3.- Que las distancias de seguridad sean adecuadas.

4.- Que sepamos donde van a impactar los disparos.

El cazador, a una distancia prudente y dentro de un abanico corto de disparo, esperará a que pase el neumático en frente de él.

Ley de las armas: Los cazadores hoy no lo tienen fácil. Y no me refiero a que el ejercicio de la caza sea caro, no, me refiero a que es tal el número de leyes que tienen que conocer, que su moral, más que de perdices, han de llenarlo con disposiciones legales de toda condición y procedencia.

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