La caza del corzo en España

Publicado el 25 July 2012
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Los aficionados a la cacería deportiva saben muy bien que el corzo cautiva, es indudable. Cada año más y más cazadores se ven impulsados a intentar su caza. Su progresiva expansión y abundancia invitan a ello, pero no menos importante en este impulso es el halo de misterio que envuelve al pequeño cérvido.

corzo

Esta es una especie con gran capacidad de adaptación al medio ambiente por la variedad de latitudes y altitudes donde se le puede encontrar, tipos de hábitats por los que se distribuye y especies vegetales que consume.

Prefiere paisajes con un mosaico de bosques y tierras de cultivo, un medio diverso y heterogéneo.

Con el fin de procurar el buen aprovechamiento cárnico y culinario es conveniente conocer su anatomía, antes de salir a cazar corzos. Lo importante es saber dónde se ubican sus órganos vitales para evitar el sufrimiento innecesario y obtener a la vez la pieza en óptimas condiciones.

El corzo es un rumiante con lo cual el aparato digestivo ocupa un gran espacio. Si el disparo resulta algo trasero, aunque será letal a medio plazo, puede originar problemas en el cobro de la pieza, sufrimiento y pérdida de calidad de la carne.

Celo del corzo: Estos son animales con un único celo al año, siendo imposible que se repita en caso de que la corza no quede preñada. Esto es condición necesaria por la particularidad que esta especie presenta en la gestación, la diapausa embrionaria o gestación suspendida. Desde los quince días siguientes a la fecundación hasta cinco meses más tarde los embriones se mantienen durmientes en lugar de anidar en la mucosa uterina y desarrollarse. Esta estrategia es poco común entre los herbívoros pero no es infrecuente en los carnívoros de climas fríos, que tienden a optimizar el empleo de energía; su función es que los nacimientos y la lactancia coincidan con la máxima disponibilidad de alimentos.

Mientras que la mayoría de nuestras especies de cérvidos y demás fauna cinegética tienen el celo en los meses de septiembre, octubre y noviembre, de forma que las duraciones de las respectivas gestaciones dan lugar a partos en los meses de primavera, los corzos entran en celo en pleno verano.

Durante su vida el corzo es dominado por la hembra, y más que nunca durante el celo. Si ella se encuentra sin pareja pronto busca una, arrastrándole hasta donde ella ha decidido que debe tener lugar el celo.

Durante celo se mueven a lo largo de todo el día. Por supuesto siguen concentrando sus esfuerzos en los momentos del alba y del ocaso, pero los calores les hacen andar en movimiento muchas más horas.

La corza para mantener la atención del corzo utiliza una serie de sonidos. Muchos de ellos no son escuchados nunca o muy infrecuentemente por los humanos.

Esta debilidad ha permitido a los cazadores atraer a los corzos mediante la reproducción artificial de algunos de ellos, en su mayoría son básicamente, instrumentos musicales cuyo manejo correcto exige destreza y dedicación. Los mejores no son necesariamente los más sencillos.

Un momento óptimo en donde ningún ciclo de la especie se ve afectado por la caza, se encuentra precisamente en el final del período de celo. Existe al menos un mes desde el final del celo y los primeros desmogues, un mes que podría ser aprovechado para llevar a término esta actividad. En septiembre, tampoco se trastoca ningún momento especialmente sensible en hembras ni crías, ni ha comenzado la temporada de caza mayor, por lo que este período podría ser considerado como óptimo.

Por último, debemos ser cautos, la caza del corzo requiere de gestión. El aumento de la presión cinegética sin conocimiento previo de hasta dónde la puede soportar, puede llegar a ocasionar problemas muy graves al corzo.

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